Carta de Santiago: fe, salvación y obras

Publicado: enero 20, 2011 en Historia, Iglesia, Teología

CÉSAR VIDAL
De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XI)

Intentaba yo en mi última entrega plantear el punto de vista contenido en la Biblia sobre la justificación que no es otro que el expresado por Pablo al afirmar: “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados GRATUITAMENTE por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación” (Romanos 3:23-25).

Es algo que se repite en afirmaciones paulinas tan claras como la de que “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28) o la que sostiene: “Porque Dios es uno y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión” (Romanos 3:30).

Señalaba yo entonces que los pasajes que acentúan esta enseñanza son numerosos al afirmar la Biblia que “el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo” (Gálatas 2:16) o “que por la ley ninguno se justifica para con Dios es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11). Finalmente, manifestaba que aunque el catolicismo hace referencia a la gracia, la salvación nunca puede ser por gracia si incluye obras para obtenerla ya que tal y como señaló Pablo: “al que obra, no se le cuenta el salario como gracia sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5). La fe, por lo tanto, como considera el mito católico sobre el protestantismo, no es la obra de poca calidad que permite ganar de forma barata la salvación, sino el canal que nos permite recibir la salvación que ganó Cristo en la cruz. Debe reconocerse que la diferencia entre las dos posiciones es notable y el error de apreciación – verdadero mito – de muchos católicos resulta bastante grave.

Sin embargo, esta incomprensión por parte de los católicos de la enseñanza bíblica sobre la justificación por la fe y de la posición evangélica al respecto no concluye en lo señalado en mi última entrega. De hecho, hay otros dos mitos estrechamente entrelazados con él. El primero afirma – supuestamente basándose en la carta de Santiago – que puesto que la fe sin obras es muerta, la justificación también es por las obras; el segundo insiste en que el protestantismo deja aparte las obras ya que se aferra a un concepto laxo – y falso – de la salvación. Ambas afirmaciones – que se siguen repitiendo – carecen de base real. De entrada, Santiago no dice en ningún lugar que la fe más las obras justifica contradiciendo a un Pablo que afirma que la justificación es por fe sin obras. Lo que Santiago afirma es que mediante las obras y no sólo mediante la fe se puede ver que alguien está justificado (Santiago 2:24) e igualmente señala que la fe entendida como una obra – precisamente lo que muchos católicos piensan erróneamente que creen los protestantes – no es aceptable ya que eso podrían incluso alegarlo los demonios. Contra lo que afirma el mito, lo cierto es que no hay un solo protestante que no comparta esa visión de Santiago.

Y aquí entramos en el tema del papel de las obras en la vida del creyente. La posición clara al respecto la expone Pablo – en armonía con Santiago – en Éfesios 2:8-10: “por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no es de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe, porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Justo el proceso descrito por Pablo es el que creemos los protestantes. Primero, la salvación es por gracia y nos la apropiamos por medio de la fe sin obras. Pero precisamente cuando ya hemos sido salvados y justificados por la fe sin obras, caminamos en las obras. En otras palabras, mientras que el catolicismo insiste en que hay que hacer obras para salvarse, la Biblia – y si se me permite, los evangélicos – enseña que hacemos obras porque YA somos salvos y hemos sido justificados por la fe. Así, las obras no son precio para obtener la salvación, sino muestra de gratitud porque YA hemos sido salvados. No puedo detenerme en ello ahora, pero creo que sería interesante reflexionar sobre porqué las naciones católicas han sido parcas en grandes obras y atrasadas frente a las protestantes que no pocas veces han tenido menos recursos económicos. Sí me permito apuntar que quizá se deba a que el protestantismo ha sabido siempre que las obras son fruto de la fe en la salvación y no instrumento para obtener la salvación. Se trata de un factor que – como ya señaló en su día el catedrático de economía Jesús Prados Arrarte – bastaría para explicar el triunfo de la pequeña, pobre y protestante Inglaterra sobre la pujante e imperial, pero católica, España.

Debo hacer todavía una última observación sobre las obras. Ya he indicado que la enseñanza sobre la fe muerta que no se manifiesta en obras no es propia del catolicismo sino que la comparten sin discusión los protestantes. Sin embargo, la Biblia también habla de obras muertas (Hebreos 6:1) que es un tema eludido sistemáticamente por los católicos quizá porque no se han detenido a pensar en él. Quisiera sugerir humildemente que sería útil para muchos católicos reflexionar si las obras que consideran meritorias para su salvación aparte de no poder serlo porque la Biblia enseña que la justificación es por la fe sin las obras, por añadidura no resultan totalmente muertas ya que se realizan aparte de las enseñanzas de las Escrituras. Permítaseme la osadía de poner algunos ejemplos de prácticas piadosas al respecto.

Por ejemplo, ¿dónde enseña la Biblia que el uso de cilicio es una obra agradable a Dios? ¿Dónde enseña la Biblia que el culto a las reliquias es grato a Dios? ¿Dónde enseña la Biblia que la repetición de ciertas oraciones en ciertos lugares no sólo es meritoria sino que además reduce el tiempo que se pasa en el purgatorio? ¿Dónde enseña la Biblia que la abstención de ciertas comidas o prácticas inocentes en si pueden llevar a Dios a conceder determinadas peticiones que van desde la curación de un familiar a aprobar un examen? ¿Dónde enseña la Biblia que someterse a ciertos sufrimientos – por ejemplo, llevar una piedrecita en el zapato o dormir en el suelo – ayuda espiritualmente? Podría multiplicar los ejemplos – de hecho, algunas de estas prácticas ha sido aducida en el proceso de beatificación de Juan Pablo II y son enseñadas por sacerdotes y téologos – que todos conocemos en católicos laicos y religiosos y me permito – discúlpese de nuevo mi atrevimiento – formular una pregunta: ¿ésas son las obras enseñadas por Dios en Su Palabra o caen en la categoría de obras muertas, de sacrificios no exigidos ni aconsejados por el Señor? Dejémoslo ahí de momento porque de sacrificios impuestos en contra de la enseñanza de la Biblia seguiré hablando, Dios mediante, la semana que viene.

Continuará: Obispos casados

Artículos anteriores de esta serie:

1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria
4 Cisneros ¿precursor de la Reforma?
5 Juan de Valdés y la Reforma en España
6 Juan de Valdés huye de la Inquisición
7 Españoles del siglo XVI con la Reforma
8 Las ekklesias y «la» Iglesia católica
9 La verdadera Iglesia no tiene Papa
10 Salvación por gracia, no por obras

César Vidal es escritor, historiador y teólogo

© C. Vidal, Libertad digital, ProtestanteDigital.com

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  1. [...] Actualizados : Carta de Santiago: fe, salvación y obras Todo en el cielo y todo en la tierra Cinco mandamientos que no permiten excepción alguna [...]

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